Los días


Read by Alba

(4.1 stars; 42 reviews)

¡No es completa desgracia,
 que por ser hoy mis días,
 he de verme sitiado
 de incómodas visitas!

 Cierra la puerta, mozo,
 que sube la vecina,
 su cuñada y sus yernos
 por la escalera arriba.

 Pero, ¡qué!... No la cierres,
 si es menester abrirla;  
 si ya vienen chillando
 doña Tecla y sus hijas.

 El coche que ha parado,
 según lo que rechina,
 es el de don Venancio,  
 ¡famoso petardista!

 ¡Oh! Ya está aquí don Lucas
 haciendo cortesías,
 y don Mauro el abate,
 opositor a mitras.   

 Don Genaro, don Zoylo,
 y doña Basilisa;
 con una lechigada
 de niños y de niñas.

 ¡Qué necios cumplimientos! 
 ¡Qué frases repetidas!
 Al monte de Torozos
 me fuera por no oírlas.

 Ya todos se preparan
 (y no bastan las sillas)  
 a engullirme bizcochos,
 y dulces y bebidas.

 Llénanse de mujeres
 comedor y cocina,
 y de los molinillos  
 no cesa la armonía.

 Ellas haciendo dengues,
 allí y aquí pellizcan;
 todo lo gulusmean,
 y todo las fastidia.  

 Ellos, los hombronazos,
 piden a toda prisa
 del rancio de Canarias,
 de Jerez y Montilla.

 Una, dos, tres botellas,  
 cinco, nueve se chiflan.
 ¿Pues, señor, hay paciencia
 para tal picardía?

  ¿Es esto ser amigos?
 ¿Así el amor se explica?   
 ¿Dejando mi despensa
 asolada y vacía?

 Y en tanto los chiquillos,
 canalla descreída,
 me aturden con sus golpes,   
 llantos y chilladiza.

 El uno acosa al gato
 debajo de las sillas;
 el otro se echa a cuestas
 un cangilón de almíbar.  

 Y al otro, que jugaba
 detrás de las cortinas,
 un ojo y las narices
 le aplastó la varilla.

 Ya mi bastón les sirve  
 de caballito, y brincan;
 mi peluca y mis guantes
 al pozo me los tiran.

 Mis libros no parecen,
 que todos me los pillan,    
 y al patio se los llevan
 para hacer torrecitas.

 ¡Demonios! Yo que paso
 la solitaria vida,
 en virginal ayuno  
 abstinente eremita.

 Yo, que del matrimonio
 renuncié las delicias,
 por no verme comido
 de tales sabandijas.  

 ¿He de sufrir ahora
 esta algazara y trisca?
 Vamos, que mi paciencia
 no ha de ser infinita.

 Váyanse enhoramala;  
 salgan todos aprisa;
 recojan abanicos,
 sombreros y basquiñas.

 Gracias por el obsequio
 y la cordial visita;   
 gracias, pero no vuelvan
 jamás a repetirla.

 Y pues ya merendaron,
 que es a lo que venían,
 si quieren baile, vayan   
 al soto de la villa. 


Este libro pertenece a la colecciòn Alba Learning.

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