Drama
El profesor suplente
Hacia el atardecer, cuando Matías y su mujer sorbían un triste té y se quejaban de la miseria de la clase media, de la…
El Mercader de Venecia
Un mercader asume una deuda de tres mil ducados para ayudar a un gran amigo, el prestamista: un judío, que además le odia. El …
El vampiro
—Padre, nadie ignora que Su Reverencia es el confesor más austero y rígido de la Iglesia. Por eso le he elegido para confesarl…
El abogado de los abogados
Cuentan que el Señor no miraba con poca ni mucha simpatía a los leguleyos, prevención que justificaba el que siempre q…
El crimen fue en Granada
I
EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estr…
Las sirenas
Cuando volvieron de la iglesia celebraron con una merienda espléndida el bautizo. La casa estaba llena de invitados; entraron todos e…
El espectro
Todas las noches, en el Grand Splendid de Santa Fe, Enid y yo asistimos a los estrenos cinematográficos. Ni borrascas ni noches de hi…
Como flor de almendro
Ansiosa, acodada sobre la barandilla de popa,
fijaba con insistencia los ojos en el horizonte, como si quisiera dar fuerza a sus pupi…
El tren
Apretó el paso. No podía perder el tren.
Ayer, cuando volvió del trabajo, había encontrado un sobre en el buz&o…
Las desventuras del joven Werther
Hace una semana que el tiempo no puede ser peor, y me alegro de ello, porque desde que estoy aquí no he logrado ver un día …
El rival
Tenía los ojos, más bien dicho las pupilas, cuadradas, la boca triangular, una sola ceja para los dos ojos, una desviaci&oacu…
La Nochebuena de Encarnación Mendoza
Con su sensible ojo de prófugo Encarnación Mendoza había distinguido el perfil de un árbol a veinte pasos, raz&o…
Una madre
Al lado de la cuna de un niño estaba sentada su madre: no había necesidad sino de mirarla, para leer en su semblante que se h…
El fin de algo
Antes, Horton Bay era un pueblo de madereros y leñadores. Ninguno de sus habitantes estaba libre del ruido de las grandes máqu…
Cuento inmoral
Sale el actor por delante del telón, pausadamente.
¡Qué compromiso! Hay días en que se siente uno capaz de las ma…
A una adúltera
Sólo en ti, Lesbia, vemos que ha perdido
El adulterio la vergüenza al cielo,
Pues que tan claramente…
El meditador y el esclavo
... Pasó que, huésped en una casa de campo de Megara, un prófugo de Atenas, acusado de haber pretendido llevarse bajo…
El del espejo
Así como las mujeres se sonríen a través del espejo, Gabriel había caído, yo no sé cómo, e…
Una carta que nunca llegó a Rusia
Mi adorable, mi muy querida y lejana, me imagino que no habrás olvidado nada en los más de ocho años que dura ya nuestr…
El hombre que ríe
Señor doctor, yo soy Tony Garnier, el famoso clown Tony Garnier, que poseí el raro secreto de la risa. Yo soy el hombre que r&…