Audiolibros LibriVox
El gigante egoista
Cruz, descanso sabroso
El Niño Con Cancer
un niño a muerto de cancer y la madre esta destrosada se pone a llorar y cuando despierta encuentra una carta de su hijo que le cuent…
La Princesa bizantina
Cábeme la honra de contar la historia del caballero franco Brandimarte de Normandía, flor de la nobleza cristiana y vá…
El elfo y el rosal
En el centro de un jardín crecía un rosal, cuajado de rosas, y en una de ellas, la más hermosa de todas, habitaba un el…
Parábola china
Un anciano llamado Chunglang, que quiere decir «Maese La Roca», tenía una pequeña propiedad en la montaña. …
¿Cuánta tierra necesita un hombre?
Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía t…
Ten piedad de mí
¡Señor!, si en sus miradas encendiste
este fuego inmortal que me devora,
y en su boca fragante y seductor…
Ciudad
Un llanto,
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha de…
Amistad funesta
Juan y Lucía aparecieron por el corredor, ella como arrepentida y sumisa, él como siempre, sereno y bondadoso. Hermosa era la…
El gato de Baudelaire
¿Usted sabe que Baudelaire tenía un gato? ¡Oh! un gato hermosísimo, de pelo negro, suave y brillante como…
Tras un amoroso trance
Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.
Para que yo al…
Me celebro y me canto a mí mismo
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,
Pues ca…
Una madre
Al lado de la cuna de un niño estaba sentada su madre: no había necesidad sino de mirarla, para leer en su semblante que se h…
Pasión de poeta
Oye lo que sucedió
a un poeta con su ama:
Como dicen que se inflama
de un espíritu su pecho,
de cuyo a…
Talismán
¡Oh Fausto! Yo he sentido que se agita
en mi ser la tiniebla de tu hastío;
¿dónde est&aac…
A un pesimista
Hay demasiada sombra en tus visiones,
algo tiene de plácido la vida;
no todo en la existencia es una herida
donde brote la sangre a b…
El avaro y el jornalero
Todo su caudal guardaba
cierto avariento cuitado
en onzas de oro, metidas
en un puchero de barro.
Por tenerlo más s…