Miguel Sawa
La comedia eterna
—No... nada de gritos... Hablemos tranquilamente, sin exaltarnos... Ya verás como al fin logramos entendernos. Vamos, con franqueza, …
Versos de Bécquer
La encontré al cabo de algunos años en no recuerdo qué fiesta.
Nos saludamos con mucho afecto.
—¡Ah, eres t&uac…
Nochebuena
—Sí, estoy muy triste. ¡Oh, no me deje usted solo, por Dios! Tengo necesidad de alguien que me acompañe. Sea usted mi …
Proyecto de carta
Encontré esta carta en un libro viejo que compré no recuerdo dónde.
Y como creo que la tal epístola merece ser …
Al día siguiente
Los dos despertaron al mismo tiempo, y al verse juntos se miraron sorprendidos, aun inconscientes por el sueño. Después juntar…
La musa eterna
—Mi querido poeta: ya sabe usted que las mujeres tenemos el derecho de ser curiosas... Pero bien, yo quiero formularle a usted una pregunta,…
Un desnudo de Rubens
El loco había sacado la cabeza por entre los barrotes de la ventana—una cabeza espantable, de cabellos erizados, …
Cuento de carnaval
Caminaba con andar gallardo, mal envuelta en su dominó de raso blanco, sujetándose instintivamente la careta con ambas manos. …
Gloria
—Las campanas tocan a gloria. Chiquilla, también dentro de mi corazón están repicando fuerte. Sí; yo he vuelto a…
La derrota
Estaban solos. Ella, Julia, sentada en una marquesita próxima a la chimenea, muy seria, muy pálida, con los ojos bajos,…
Soliloquio
LA SEÑORA MARQUESA DE ***
—Oh, cuán frágil de memoria es usted, señora marquesa! He pasado toda la noche d…